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CÓMO PONER LÍMITES SIN EXCEDERSE

¿Verdad que todos los padres queremos lo mejor para nuestros hijos? No es una frase más, es muy cierta. También es cierto que no nacemos sabiendo ser padres y muchas de nuestras acciones pueden perjudicar a nuestros hijos sin que tengamos ese afán. Educar es un gran reto pero es una hermosa labor también. Algo elemental en la educación de nuestros niños es que, tanto padres como hijos, debemos comprender la diferencia entre autoridad y autoritarismo. Por un lado no podemos ser excesivamente autoritarios con nuestros hijos, ellos tienen sus derechos, pero por otro, tampoco debemos caer en la permisividad porque puede resultar contraproducente. Para educar de manera eficaz debemos marcar las reglas en casa y mantener siempre el objetivo de cumplirlas. Imagínate prometer algo a nuestros hijos y no cumplírselos, para bien o para mal eso no debe suceder. Un niño debe aprender que cuando su madre o su padre dicen que no, esa decisión es inamovible. El pequeño experimentará frustración, pero debe aprender a tolerarla y convivir con ella porque las normas son precisamente las que le dan seguridad. Justo esa frustración y el control de su persona son las herramientas necesarias para convivir y mejorar. Al toparse con una negativa seguramente harán un berrinche pero cuando se calman, esperan a nuestra palabra que confirma la orden y les da seguridad, aunque no les guste. Así confían en un criterio sólido y se sentirán protegidos con cariño y firmeza. Es un hecho que los niños sienten una gran tranquilidad ante la seguridad de sus padres, una palabra firme es muy importante. El reto es lograr un entendimiento con nuestros hijos, una excelente comunicación y manejar una autoridad positiva, no parece tarea fácil pero ¿sabes qué? ¡se puede lograr!